top of page

El Mondongo de Bryan~

Y Dante no sabe lo que se perdió, porque el Mondongo es la Fuerza de la Patria.


Así lo dijo alguna vez el gran Benigno Orante: que el mondongo es la fuerza de la patria.


Ni los millennials ni los que fueron sobreprotegidos entenderán esta lectura, pero me pueden preguntar; yo les aclararé las dudas.


Apenas unos días atrás, Don Bruno me contó que cuando él se criaba, casi un siglo atrás, por el barrio pasaba un hombre que gritaba: “¡fuerza! ¡fuerza!”, y que él se tardó un poco en entender las implicaciones de aquel legendario pregón. 


Resulta que ese personaje cargaba en una mano un latón y en la otra un cuchillo bien afila’o para que la gente le comprara dos o tres pesos de mondongo. Es decir, el trabajo de campo de aquel macho era vender las vísceras y las tripas que finalmente serían servidas, lo más caliente posible, en un gran plato de Mondongo con mucha papa, zanahoria y unas cuantas cosas más.


¡Fuerza, fuerza!


Debo confesar que cada domingo Don Bruno y yo, antes de llegar a la iglesia, nos paramos en casa de doña Carmen y nos compramos dos mondonguitos con arroz blanco, y que no pocas veces ese es el desayuno de estos dos humildes jíbaritos.


Interesante, por demás, que casi 100 años atrás el Mondongo fuera símbolo de fuerza y que hoy el Mondongo sea un peyorativo para la gordura. No obstante, aún hay tiempo para regresar a las raíces.


¡Fuerza!


¿Cuánta fuerza hace falta para sostener una convicción equivocada?


Porque entre el tabaco y el mondongo muchos apostarían a que mis días serán acortados sobre la faz de la tierra, pero resulta que Don Bruno va pa’ 92, con demasiado café y demasiado mondongo.


Entonces, contra todo pronóstico religioso y nutricional, ¿lo de la “fuerza” era verdad?


Y ahora pregunto: ¿cuánto Mondongo hace falta pa’ ir contra el discurso y la narrativa tradicional?


Porque en estos días llamarse Bryan y tener el apellido Caro no está fácil, pero ¿acaso no tenía el derecho y la libertad de producir y ganar de su evento?

Libro | Balidos Humanos: Lecciones del más acá
$20.00$15.00
Comprar ahora

Hay que tener mucha fuerza para desafiar el statement, y eso se admira.


Y también hay que tener mucha fuerza pa’ ser hombre y llorar en público como Mondongo.


Pero.


¿Cuánto mondongo de diferencia, digo, cuánta diferencia hay entre Bryan y Mondongo?


Ninguna.


Los tres, al final del día, nos hacemos la misma pregunta: “¿qué hice mal?”.


Y a veces son varias preguntas, de hecho…

“¿Por qué no me entienden?”.

“¿No ven mi corazón?”.

“¿No pudieran ser más agradecidos conmigo?”.

Y varias más.


La triste realidad es que la notoriedad siempre trae lupa y líos.


Por eso tenemos siempre el reto de pasarnos el rolo nosotros mismos, examinarnos y entregarnos voluntariamente ante la justicia divina, y ahí sí que el rolo es más grande y pesado.


Una de las peores cosas que le ha pasado al mundo soy yo, y lo único que me libra de esa condena es la fe en Cristo; de hecho, mi fe y la fe de los que me aman tanto que molestan al trono pidiéndole que tenga compasión de mí.


¡Fuerza!


No todos los días se tiene la fuerza para sobrevivir al juicio público, ni para admitir errores, ni para llorar siendo hombre, ni la fuerza para cambiar. De hecho, por eso sigo siendo gordo.


La más dura y necesaria es la fuerza para someterse a Dios…


Pero a veces también hace falta el amigo que te detenga e impida la peor de tus decisiones… y la fuerza para hacerle caso.


A veces el que más te ama es quien más te contradice.


No lo produzcas, Bryan.


No vayas al podcast, Mondongo.


No escribas eso, Fernand.


La Pipa (y el mondongo) Es Lo De Menos~

Fernand Reyes

15 de junio de 2026



 
 
 

Comentarios


bottom of page